Marta Andreu: “Los niños prefieren que Papá Noel les regale un lugar para cenar junto a su familia antes que un juguete”

Marta Andreu: "Los niños prefieren que Papá Noel les regale un lugar para cenar junto a su familia antes que un juguete"

Entrevistamos a Marta Andreu, fundadora de la AEA, una entidad volcada en el proyecto La Matica, en beneficio de los niños de República Dominicana, en el que colabora CMV-Architects

 

¿Quién es Marta Andreu?

Soy la presidenta y fundadora de la Asociación de Empleados de Aeronáutica Solidaria (AEA). Cuando ocurrió el terremoto en Haití, estaba trabajando como azafata de Air Europa y se me ocurrió que, al disponer de vuelos gratuitos hasta la República Dominicana, podía tratar de ayudar. Pregunté quién estaba interesado en acompañarme a través de redes sociales y se sumaron dos personas más. A día de hoy llevamos 7 años trabajando en campañas concretas en Etiopía, Haití y otros lugares.

El de Haití fue su primer proyecto como asociación.

Allí construimos una escuela para 200 niños que, además de educarles, se convirtió en el lugar en el que tomaban su única comida del día. Ahora el proyecto está en manos de la ONG ‘Acoger y Compartir’, que cuenta con empleados residentes allí. La escuela, por supuesto, sigue en marcha y funcionando. De ahí pasamos a unos desayunos solidarios que pusimos en marcha en Etiopía, en los que dábamos un trozo de pan y un vaso de leche a 187 niños en una escuela. Por otro lado, en la India también financiamos un proyecto nutricional para 760 niños que consistía en darles un huevo duro a diario y una bebida nutricional de lunes a sábado. Sólo con esa aportación el índice de mortalidad infantil en esa comunidad descendió un 70%. La fundación Vicente Ferrer fue la que se puso en contacto con nosotros y no dudamos en echarles una mano.

¿En qué momento se fundó la asociación tal y como está concebida ahora?

En 2013 nos asociamos en Palma, ya bajo el nombre de la Asociación de Empleados de Aeronáutica Solidaria (AEA). Desde aquella formalización tenemos dos proyectos de peso en marcha, uno en Bolivia y otro en República Dominicana. El de Bolivia es un orfanato con 106 niños huérfanos o abandonados por sus padres porque no disponen de los medios necesarios para mantenerlos. Estos pequeños no tienen sus necesidades cubiertas, se alimentan de cereales o arroz y, cuando tienen suerte, algo de pollo que deben repartir entre los cien. Evidentemente tampoco gozan de educación, sanidad, ropa… Nuestra labor es cubrir todas esas necesidades a través de la gestión de una orden religiosa del lugar. Enviamos material escolar, ropa y medicamentos cada mes.

¿Y qué puede contarnos del proyecto en República Dominicana?

En Boca Chica tenemos un centro de día con el que ayudamos a unos 500 niños, la mayoría de ellos haitianos que salieron en busca de un mundo mejor y han ido ocupando terrenos que los habitantes de República Dominicana no quieren. Por lo general, no comen tres veces al día, viven hacinados en casas, no tienen sus necesidades básicas cubiertas… Por poner un ejemplo, el otro día visitamos a una mujer que mantiene sola a sus ocho hijos después de que su marido la abandonara. Ahora los niños tienen que turnarse en el único asiento que tienen para poder comer. La campaña de estas navidades consiste en invitarles a cenar a todos juntos en una mesa, y la verdad es que prefieren eso a un juguete, como así nos han manifestado directamente.

Marta Andreu: "Los niños prefieren que Papá Noel les regale un lugar para cenar junto a su familia antes que un juguete"

¿Cuál es la situación del lugar?

El sistema educativo es muy mejorable. Además de recibir una educación, nuestros niños tienen un lugar en el que estar durante el día, algo muy importante porque el peligro está en la calle. Allí tenemos a nuestra mano derecha, Esperanza, una especie de Madre Teresa de Calcuta mulata.

¿Con que tipo de problemas concretos os encontráis?

Uno de los más importantes es que nos encontramos con niños que vienen a nuestro centro cada vez desde más lejos porque saben que ahí, por lo menos, van a tener un lugar en el que estar entretenidos. Con el tiempo están llegando más y es ahí cuando nace la necesidad de comenzar el proyecto que hemos llamado La Matica.

¿Qué es La Matica?

Va a ser un nuevo centro. El nombre sale de una canción popular dominicana y representa un lugar de protección; lo escogieron los niños. Contactamos con CMV-Architects para ver si nos podían echar una mano con los planos, puesto que ellos han trabajado antes en República Dominicana y tienen contactos ahí. Han hecho un trabajo fabuloso: por ejemplo, el edificio se adapta completamente a las necesidades del lugar al suprimir las persianas en los pisos de arriba para que haya una mejor ventilación. Llegado este punto quiero aprovechar para destacar la calidad humana del equipo de CMV-Architects. Su sensibilidad y predisposición a la hora de afrontar este proyecto han sido totales.

El centro está pensado para que cuente con una zona de comedor social, la primera necesidad a cubrir, y una sala para impartir talleres educacionales tanto a niños como a adultos. Muchos lo necesitan puesto que ni siquiera están concienciados de que sus hijos deben ir al colegio. A uno de los niños, Christopher, se le quemó la casa debido a la precariedad de los materiales con las que se ven obligados a construirlos. Nosotros le dijimos que le pidiera un regalo a Papá Noel y, evidentemente, pidió una casa nueva para su familia. Les construimos una casita de ladrillo muy básica, pero para ellos es una maravilla. La única condición que les pusimos a sus padres fue que Christopher debía ir a clase cada día.

¿Qué otras necesidades quedan por cubrir?

Una vez han cumplido con sus tareas educativas pueden disfrutar de actividades lúdicas. Antes solían jugar mucho a béisbol, pero tuvimos la suerte de que nos visitara Vicente del Bosque y, desde entonces, solo quieren jugar al fútbol. Encima el Rayo Vallecano les regaló tres equipaciones oficiales a cada uno de ellos y 200 pares de zapatillas. Ahora no hay vida si no hay fútbol, pero necesitaban un espacio más grande. Nos faltaban 1.000 metros de terreno y al lado del centro en el que ya trabajamos hay casi 56.000 metros cuadrados de selva que no se sabe de quién es. Le presentamos el proyecto al alcalde y le fascinó, pero nos falta conseguir ese terreno. Actualmente estamos tratando de localiza al propietario o propietarios para poder hacerle una oferta de compra. El proceso puede dilatarse en el tiempo, pero en AEA estamos dispuestos a hacer todos los esfuerzos necesarios para poder involucrar a las autoridades locales, muy concienciadas en este tipo de proyectos.