Iñigo Fariñas: “Para diseñar un tornillo primero tienes que haber puesto 5.000”

Iñigo Fariñas, natural de Bilbao, se embarca en su primera aventura en solitario tras su paso como arquitecto hotelero en CMV Architects

¿Cuándo empezaste a trabajar en CMV?

Vine a Palma de Mallorca hace diez años para trabajar en Barceló Hoteles como adjunto de Tolo -Cursach-, así que todo lo que sé sobre hoteles lo he aprendido de él. Después los dos fuimos por caminos separados durante una época, hasta que me llamó porque necesitaba a alguien que hablara francés para llevar la reforma de un hotel cuatro estrellas en París. Fue entonces cuando me comentó que iba a entrar como socio en CMV y no pasó mucho tiempo hasta que los dos formamos parte de la empresa.

¿Cómo funciona esta relación tan estrecha con Tolo?

Es casi como de padre-hijo, él me ha enseñado todo lo que sé de hoteles, al César lo que es del César. Es un mundo muy diferente, con plazos y exigencias mayores.

¿A qué particularidades se refiere?

Sobre todo la premura en los plazos, son muy ajustados. Tienes que ejecutar la obra desde que el hotel cierra hasta que abre teniendo en cuenta que cada día de retraso es una penalización para el hotel. También está la amplitud de la obra en comparación con lo ajustado del coste. Siempre procuras guardarte colchones, pero te acaban pidiendo más y más. Son los famosos “ya que”: “ya que estás aquí aprovechamos y hacemos esto otro”. Todo eso hay que meterlo en el plazo inicial, por lo que tú presupuestas algo a un precio y un plazo y la realidad acaba siento eso mismo pero a otro precio y otro plazo. El hotelero como cliente también es particular al estar acostumbrado a la inmediatez, es muy diferente a un residencial.

Una vez en CMV Architects, ¿cuáles eran sus funciones?

Sobre todo seguir haciendo hoteles, tanto dando apoyo en la concepción de proyecto como en la fase de ejecución, mi especialidad. Suelo intervenir cuando la estructura ya está levantada, verificando que no haya incongruencias entre los proyectos de arquitectura, interiorismo e ingeniería y a partir de ahí controlar los acabados, equipamiento… Es decir, mi competencia es todo lo que ocurre en el hotel desde que se levantan las paredes hasta que se entrega.

¿Cuáles eran las dinámicas de trabajo?

Antes nos regíamos por el construccion management y hemos evolucionado hacia el production management. El proceso consistía en ir controlando cada uno de los gremios individualmente, la treintena de empresas que puede haber en una obra.

Parece un proceso que requiere gran capacidad de organización.

Sí, tienes que ser muy metódico. Siempre me he organizado a través de un cuadrante con los proveedores, sus elementos, cada habitación, los plazos, presupuestos…

Ahora te has embarcado en un nuevo proyecto en solitario. ¿Qué nos puedes contar de él?

Sí, he dado el salto al vacío. La idea es que tú tengas una habitación pelada y me pidas que te la acabe. Si no tienes ventanas, suelo, mobiliario… yo te lo pondré. Con CMV continúo colaborando porque les proporciono los servicios técnicos de obra, equipamiento, pedidos…

Una vez iniciada esta aventura por tu cuenta, ¿de qué te ha servido todo lo aprendido hasta la fecha en CMV Architects?

Ha sido una muy buena escuela y me ha servido, además de para conocer a mucha gente, a niveles de arquitectura y rigurosidad. Antes de llegar a Mallorca me dedicaba al sector residencial unifamiliar, que prácticamente era un copia-pega, y al residencial plurifamiliar, en el que te regías por el mínimo que permitían las normativas de habitabilidad para poder sacar el máximo de viviendas posibles. En CMV son muy coherentes con el estilo de arquitectura que hacen, sus proyectos residenciales son de calidad, al igual los hoteleros. Tolo sabe que no puedes pretender que la gente pague un cinco estrellas y tenga un cuatro o incluso un tres.

Por otro lado, he aprendido de muchísima gente en las obras. Una obra es un ente multidisciplinar donde puedes aprender del alicatador, del carpintero… A mí me gusta hacerlo porque entiendo que este trabajo es un proceso de aprendizaje continuo. Ya llegará un momento, cuando seamos mayores, en el que podamos ser catedráticos de lo que sea. Un profesor siempre me decía que para poder diseñar un tornillo tienes que haber puesto 5.000. Por eso, antes de poder llegar a una obra y decir que tienes un problema con algo tienes que haber estado en muchas obras. En definitiva, la mejor forma de aprender es tratar a la gente con respeto. En una obra se pasan muchos nervios y creo que es un trabajo mal recompensado a nivel afectivo, y eso no es justo. En la obra surgen muchos incendios que apagar y el que menos te esperas puede ser quien te ayude.